Por: Esther Vicente
Colegas y amistades que residen en diversos países cuentan que se vive un periodo muy parecido al que experimentamos en Puerto Rico hoy. Hay gran preocupación por lo que traerá el 2017, en gran medida alimentada por la elección de Donald Trump, el Brexit en el Reino Unido y la inestabilidad económica mundial.
En las agencias de Estados Unidos relacionadas con la salud, educación, violencia hacia las mujeres, derechos humanos y colaboración internacional, los funcionarios que evalúan cotidianamente los proyectos costeados con fondos federales no pueden asegurar si los que están en curso continuarán.
Múltiples organizaciones internacionales que rinden servicios de salud sexual y reproductiva a comunidades marginadas y a personas desplazadas por las guerras y los eventos naturales reciben apoyo financiero de Estados Unidos y de los países del llamado primer mundo. Ya el Reino Unido ha limitado estos apoyos y los destinará solo a proyectos específicos en ciertos países.
Se teme que Estados Unidos sujete su colaboración internacional a que las organizaciones se comprometan a mantener silencio en torno a la discriminación por razón de orientación sexual o identidad de género, los derechos sexuales y los derechos reproductivos. Donald Trump ha nominado a personas que impulsan esa agenda conservadora a ocupar puestos en jefaturas de agencias de Estados Unidos que manejan muchas de las ayudas financieras de cooperación internacional y de apoyo a proyectos sociales en el país.
Acá en Puerto Rico nos hemos centrado en el impacto de las medidas que la Junta de Supervisión Fiscal le ha “recomendado” a los administradores del gobierno de Puerto Rico y en el proceso de transición. Es cierto que tanto las llamadas sugerencias de la Junta como las preguntas y reclamos del equipo de transición del gobernador electo denotan que se avecinan cambios drásticos en las áreas de educación, salud y equidad de género, entre otras. A la avalancha de recortes relacionados al pago de la deuda habrá que añadir los que impondrá el gobierno de Trump.
Hace poco celebramos el nacimiento de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los derechos a la educación, la salud y la equidad de género son esenciales para que las personas podamos ejercer cabalmente otros derechos muy preciados como la libertad de expresión y de asociación. El 2017 muestra un abismo de incertidumbre; ante ello despleguemos un arsenal de activismo en defensa de nuestros derechos humanos.
Recuperado el 11 de enero de 2017 de El Nuevo Día