Por: Esther Vicente
Añadir mujeres a la nómina gubernamental de confianza no es respuesta suficiente a los reclamos de equidad. Claro que recibimos con beneplácito la noticia de que el 40% de las personas nominadas para puestos gubernamentales son mujeres. Estaríamos mucho más satisfechas si llegara acompañada del compromiso con la incorporación de la perspectiva de género en las escuelas y como análisis del presupuesto, programas, acciones y legislación.
Nada más lejos de la realidad. Lo que recibimos es la represiva insistencia en eliminar la política pública a favor de la equidad de género. Lo que se nos atosiga es una reforma laboral que da al traste con el producto de grandes luchas libradas por las y los trabajadores. Si realmente hubiera un compromiso con la equidad para las mujeres y con el mejoramiento de sus condiciones salariales, se habría realizado un análisis con perspectiva de género para determinar cuál sería el efecto de la reforma laboral sobre las trabajadoras.
Tendría el gobierno que haberse preguntado: ¿cuántas mujeres laboran en las empresas que se beneficiarán del nuevo esquema laboral? ¿Cuántas se desempeñan como empleadas a tiempo parcial en las mega-tiendas, en los comercios de expendio de comida rápida y otros negocios similares? ¿Cuál es el tipo de contratación a que están sujetas en esos trabajos? ¿Cuántas en edad reproductiva verán la posibilidad de unir su licencia por maternidad a otras licencias para poder estar por lo menos unos meses con sus bebés? ¿Cuántas de la llamada tercera edad, viudas, divorciadas o solteras dependen para su subsistencia y la de sus familias del exiguo salario que reciben en esos puestos y cuántas serán despedidas con excusas baratas para reclutar gente joven con los nuevos parámetros de la reforma?
Otras medidas incluidas en el Plan para Puerto Rico tendrán severo impacto sobre las mujeres. El recorte de agencias gubernamentales en un 40%, o el por ciento que sea, va a afectar más a las miles de mujeres que se desempeñan en esos trabajos que muchos hombres no aceptan por la paga. Pero, con ese poco ellas mantienen a sus familias a flote. Y, qué decir de los recortes al sistema de retiro, del cierre de escuelas que requerirá a las familias –todavía usualmente a las madres– dedicar más tiempo a llevar y buscar a sus hijos.
Si nos hubiésemos formado en un sistema educativo con perspectiva de género entenderíamos que esta potencia nuestra capacidad para desentrañar el conjunto de creencias, ideas, juicios, valoraciones, mitos y actitudes que intervienen en la creación de la discriminación, la violencia contra las mujeres y la desigualdad. Nos ayudaría a diseñar estrategias de acción ante la crisis económica que tomarán en cuenta lo realmente esencial para alcanzar la equidad para las mujeres.
Recuperado vía El Nuevo Día